El traiguenino que fue dueño de la Luna

Jenaro Gajardo en septiembre de 1954 declaró a través de un escrito que era suyo el satélite natural.

Quién pensaría que el “dueño” de la Luna es traiguenino. Pues así es.

En septiembre de 1954, el traiguenino Jenaro Gajardo Vera sorprendió a todo el mundo con un inusual y curioso caso. En la fecha indicada se presentó ante el escribano del Departamento de Bienes Raíces de la ciudad de Talca, con un documento donde se declaraba a sí mismo dueño del satélite desde antes de 1957.

El escribano, sorprendido, levantó la vista y lo miró un largo rato en silencio, y como se trataba de un ciudadano conocido por él, le dijo:

“Don Jenaro, usted tiene razón, la Luna tiene dimensiones y deslindes y no tiene dueño, pero nada impide que lo tenga. Si usted publica un aviso durante tres días en el Boletín Oficial y nadie se opone, la Luna es suya”.

El hecho se concretó, canceló aproximadamente $42.000 de esa época, y el satélite, a partir de esa fecha, tuvo como dueño nada más ni nada menos que al traiguenino Jenaro Gajardo Vera, hecho que obligó al ex presidente estadounidense Richard Nixon a solicitarle autorización para efectuar el alunizaje con la nave espacial Apolo 11, el año 1969.

DUEÑO DE LA LUNA

Muchos de los periodistas que lo entrevistaron posteriormente a este hecho que marcó a Chile y al mundo le preguntaban simplemente:

“¿Para qué quiere la Luna?”

Y él respondía sabiamente:

“Mi ideal era crear un mundo mejor, no me gusta la gente de la tierra, está llena de envidias, rencores, odios, no hemos podido suprimir las guerras, hay tanta violencia. Un día miré hacia la Luna y me ilusioné como un niño, me imaginé la posibilidad de crear allá arriba un ámbito nuevo, con gente buena, capaz de amar, de crear un mundo digno y justo”.

“UN SUEÑO INFANTIL”

Don Jenaro agregaba en todos sus relatos que todo lo anterior fue solo la realización de un sueño infantil que lo acompañó toda la vida.

Y ampliaba la historia señalando:

“Una vez, los inspectores del Servicio de Impuestos Internos me visitaron, habían descubierto que nunca había declarado el satélite, y que por lo tanto me había convertido en el primer evasor cósmico. La respuesta no se dejó esperar, y les señalé que si querían cobrarme impuestos, no tenía inconvenientes; vayan hasta mi propiedad, mídanla, tásenla, hagan números y después me dicen; si quieren los acompaño”.

SU MAYOR ORGULLO

El mayor orgullo que sintió este profesional traiguenino fue que el propio Presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, le solicitó en 1969 permiso para que los astronautas Edwin Aldrin, Michael Collins y Neil Armstrong, a bordo del Apollo 11, pudiesen alunizar.

Jenaro Gajardo los autorizó, aunque luego señaló, enfadado, que nunca más repitieron esa cortesía ni la NASA ni los soviéticos, y que a todos les inició demandas porque no tenían derecho a invadir su propiedad.

JUICIOS INCONCLUSOS

Los juicios iniciados por Jenaro Gajardo, al menos en el papel, se efectuaron en contra de quienes continuaron con los vuelos espaciales a la Luna. Entre ellos, contra el gobierno de los Estados Unidos en noviembre de 1969, luego que el Apollo 12 alunizara a 500 pies del “Surveyor 3”.

También se menciona al gobierno soviético, debido a las misiones de 1970 y posteriores vehículos lunares a control remoto como los Lunokhod.

SILENCIO AMADO

Ese silencio y paz que tanto amó Jenaro Gajardo es el que hoy se asocia a este caso que conmovió al universo.

Falleció a la edad de 79 años, el 29 de junio de 1998, en el Hospital Barros Luco Trudeau, en Santiago, a causa de un paro cardiorrespiratorio.

De allí en adelante nadie más comentó qué sucedería con su “herencia lunar”; su familia guardó silencio, y lo realizado quedó en los anales de la historia como un caso anecdótico de trascendencia mundial.

Fuente: Renacer de Angol