
Nada extraordinario, sólo que el camino guarda su historia: la tuya, la mía, la de todos.
Era una idea que me rondaba hace tiempo, algo difuso, sin forma clara, pero que volvía cada tanto. El 1 de enero salí temprano, cuando todavía el pueblo dormía y la calle estaba vacía, sin autos ni ruido, y caminé sin apuro, como suelo hacerlo, más por costumbre que por ejercicio. En ese silencio empecé a mirar cosas que normalmente pasan inadvertidas, las líneas del pavimento, las señaléticas, los postes, las estructuras metálicas del acceso, todo eso que uno ve todos los días; pero nunca observa de verdad.
Mientras avanzaba, me di cuenta de que ese camino no era sólo pavimento. Era un lugar por donde han pasado muchas vidas. No sólo la mía. Las señales peatonales, por ejemplo, me hicieron pensar en la cantidad de personas que se han cruzado conmigo a lo largo de los años; alumnos, vecinos, conocidos, gente que estuvo un tiempo y luego siguió su rumbo. Se cruzaron, nada más, como esas franjas blancas que indican por dónde pasar, encuentros breves que forman parte de la historia de uno, aunque después cada cual continúe por su lado.
A un costado están las estructuras metálicas con versos de Ercilla. Aunque no se ven, ahí están. Él también caminó estas tierras hace siglos y dejó escrito lo que vio. De alguna manera hizo lo mismo que intento hacer yo, pero en otro tiempo y con otras herramientas. Él escribió en pergaminos; yo escribo con fotos, textos y archivos. Cambian los medios, pero la intención es parecida, dejar constancia de que estuvimos aquí, de que algo nos pasó por delante y no quisimos olvidarlo.
Entonces entendí que el camino no está vacío, sino que está cargado de memoria. Guarda lo que ha ocurrido sobre él, aunque no se note. Cada paso, cada cruce, cada historia mínima queda de alguna forma pegada al lugar. Mientras caminaba solo, sin testigos, sentí que también yo estaba dejando algo, aunque fuera invisible.
Por eso después apareció el poema. No como adorno, sino como consecuencia natural. Porque al final eso es lo que veo en la escena: nada extraordinario, sólo un hombre caminando por una calle cualquiera; sólo que ese camino guarda su historia, la mía, la tuya, la de todos.
Gorart
