Esta frase, que los viejos cañetinos acostumbramos a repetir cuando tenemos que comparados con el resto de las ciudades de la Provincia de Arauco y que hiere la sensibilidad de estos, ha demostrado en estos días su vigencia.
Mientras el resto de la provincia se debatía en el caos provocado por el terremoto del día 27 de febrero y los tsunamis que lo siguieron, nuestra ciudad, como un faro de orden y tranquilidad, de respeto por los demás, de responsabilidad y de organización ciudadana demostraba al resto del país que la cultura y una buena formación valórica son esenciales para que una comunidad pueda superar en buena forma las crisis que el destino pone en su camino .
En estos días, en los que el diario vivir va recuperando su normalidad, hemos encontrado en las calles de Cañete a amigos y conocidos de Comunas vecinas como Los Alamos, Lebu o Curanilahue, los que, con admiración (y, por qué no decirlo, también con un poquito de envidia) nos cuentan que vinieron a nuestros supermercados o a nuestros servicentros a buscar los productos que en sus ciudades no tienen, ya que los lugares donde se vendían fueron asaltados, saqueados e incendiados por hordas de vecinos que, bajo el pretexto de conseguir alimentos para ellos y sus familias, daban rienda suelta a sus peores instintos, odios y resentimientos, robando electrodomésticos, muebles y todo tipo de artefactos, con el sólo propósito de lucrar con su posterior venta.
Estos individuos enloquecidos nos mostraron lo peor de la condición humana. Los videos en los que aparecían sus acciones violentas e irracionales han dado la vuelta al mundo, mostrando una imagen negativa de Chile que no corresponde a la de la totalidad de la población de nuestro país. Es de esperar que, junto a las labores de reconstrucción de la infraestructura material dañada, el país tome conciencia de la degradación moral en la que ha caído un porcentaje importante de nuestra población y asuma también las labores de formación y educación que corresponden para devolverle a ese sector de habitantes de nuestra Patria la Humanidad y la Educación que nunca debieron haber perdido. Si estas labores se realizan, la catástrofe natural que hemos sufrido nos habrá proporcionado una riquísima oportunidad para recuperar las virtudes que, como el respeto a los demás, la responsabilidad individual y social, la solidaridad o el apego a las normas legales que nos rigen, fueron características que nos distinguieron como nación.
Nos han dicho también que en Televisión Nacional de Chile, junto a las noticias referidas al terremoto y que muestran los sucesos acaecidos en muchas ciudades y pueblos del país, difundiendo los hechos positivos y negativos vividos en cada comunidad, se ha resaltado la conducta de los habitantes de Cañete durante los difíciles días que han seguido a la catástrofe, poniéndola como un ejemplo a seguir por el resto de las comunidades afectadas por los sismos y tsunamis recientes.
¿Cómo podríamos explicar esta “diferencia” entre la conducta de los cañetinos y la de los pobladores de tantas otras ciudades de las regiones afectadas por el terremoto? Creemos que esta diferencia resulta de la acción y la conducta de tantos y tantos vecinos que han vivido en nuestra ciudad desde 1868, predicando con su ejemplo de honestidad y responsabilidad, de la sacrificada y eficaz labor profesional de tantos y tantos profesores que han impartido Educación en las Escuelas Públicas de la ciudad y del espíritu de laboriosidad de su gente, la que, con su estilo ejecutivo y respetuoso de las personas y de la ley, han sabido darle a nuestra ciudad el sello de orden y progreso que la singulariza.
Por todas estas razones, entonces, es que los cañetinos, orgullosos de nuestra Historia y de nuestras tradiciones, con una identidad sólida … y con una alta autoestima, seguiremos afirmando, como siempre, que ¡somos diferentes!
Clímaco Hermosilla Silva
