Nueva etapa de la Escuela 1

Con gran alegría, los cañetinos comenzamos a vislumbrar lo que será el nuevo edificio de la más que centenaria Escuela 1, establecimiento educacional fundado en 1869, al año siguiente de la última refundación de nuestra ciudad.

Después de diez o doce años de implementación de la Jorada Escolar Completa, programa que contempló la ampliación o la reposición de centenares de Escuelas y Liceos a lo largo de todo el país, la ciudad de Cañete se prepara para recibir un hermoso regalo: el nuevo edificio que albergará, en el mismo sitio que ocupara por más de sesenta años, a la Escuela Superior de Hombres “Leoncio Araneda Figueroa”.

El proceso de reposición de la Escuela 1 fue largo y complicado y sus negociaciones se extendieron durante las administraciones comunales de los alcaldes Adrián Viveros y Jorge Radonich, quienes fueron apoyados en este delicado proceso por sus respectivos concejos comunales.

En primer lugar, se trató de conservar el viejo y deteriorado edificio de la Escuela, ya que, en él, se habían educado generaciones de habitantes de Cañete, los que consideraban por esto que este inmueble se había hecho parte del patrimonio de la ciudad. Fortalecía esta idea la creencia de que la antigua construcción había sido mandada a edificar por don Juan Antonio Ríos Morales, Presidente de Chile nacido en Cañete a fines del siglo XIX. La verdad es que don Juan Antonio sólo inauguró la Escuela, la que se había ordenado construir un par de años antes de que él asumiera la Presidencia de la nación.

Para salvar el edificio, cumpliendo las obligaciones que el Programa JEC imponía, se trató de ampliar la construcción, utilizando los terrenos contiguos que pertenecían al Arzobispado de Concepción, pero no se llegó a acuerdo económico con la Iglesia.

El Alcalde Viveros y su Concejo Municipal tomaron entonces la decisión de demoler el viejo edificio, ya que ésta era la única forma de posibilitar la continuidad del viejo y emblemático plantel educacional, salvando así su alma educadora y proyectando hacia el futuro su misión.

La decisión fue dura. Hubo que elegir entre la mantención del viejo y deteriorado edificio o la existencia futura de la escuela. Era claro que ambos no podían salvarse juntos: si se conservaba el edificio, moría la Escuela, ya que las antiguas dependencias no permitían la implementación de la Jo
ada Escolar Completa (JEC) para sus alumnos, exigencia impuesta por Ley a todos los planteles educacionales del país. Era imperativo entonces demoler la antigua y querida edificación para dar paso a un edificio mode
o que tuviera el doble de salas de clases de la construcción antigua y que, además, contara con laboratorios de computación, amplios comedores y cocina, salas para la educación pre-escolar y baños dignos para sus alumnos, requisitos indispensables para el funcionamiento de un plantel educacional acorde con las exigencias de la educación moderna.

Para salvar el antiguo edificio, se había propuesto reubicar en otras escuelas nunicipales de la ciudad a sus alumnos, firmándose con ello la sentencia de muerte de una escuela que había nacido con el pueblo cuando este fue refundado por el Coronel don Cornelio Saavedra, en la segunda mitad del siglo XIX.

Esta irracional propuesta fue enunciada por algunos ex alumnos de la Escuela 1 residentes en otras ciudades del país o fuera de este, arguyendo que era inconcebible demoler una escuela “por cuyos pasillos ellos habían correteado cuando niños”. Propusieron también utilizar el local de la escuela para albergar en él a algunas oficinas públicas y talleres culturales o artesanales.

La enormidad del egoísmo encerrado en esta propuesta, que negaba a los actuales y a los futuros niños de Cañete la posibilidad de educarse en una escuela que los cobijara en condiciones de dignidad y seguridad, fue desautorizada por profesores, apoderados, alumnos y ex alumnos de la escuela 1, autoridades comunales, parlamentarios, dirigentes vecinales y de Centros de Padres Comunales, en un memorable Cabildo Abierto que apoyó la demolición del viejo edificio y la construcción del nuevo.

Entre el patrimonio físico constituido por la vieja construcción y el patrimonio inmaterial o espiritual constituido por la esencia educadora de la Escuela, se privilegió entonces este último, permitiendo así salvar la existencia del plantel y su alma, haciendo posible que los alumnos de Cañete, de hoy y de mañana, puedan correr también por sus pasillos .

Los cañetinos que queremos entonces de verdad a nuestra Escuela 1, celebramos con entusiasmo la posibilidad que se le ha dado de seguir existiendo y valoramos, con orgullo, el aporte urbanístico que su nuevo edificio le entrega a nuestra ciudad.

Clímaco Hermosilla Silva

Ex Alumno Escuela 1