Graffiteros

En repetidas ocasiones hemos celebrado la construcción del nuevo edificio que ocupará la antigua y querida Escuela 1 de Cañete a partir del mes de marzo de 2011, la calidad y la belleza del mismo.

A partir del mes de noviembre de 2010, fecha en la que el nuevo edificio fue entregado por la empresa constructora a los organismos encargados de su recepción, hemos contado, con nerviosismo, los días que faltaban para que los actuales alumnos ocuparan las flamantes, mode
as y completas dependencias de la Escuela.

Hace un par de días, descubrimos, con asombro pero, sobre todo, con rabia, que los vándalos de siempre, ya comenzaron a ensuciar los muros del nuevo edificio con sus rayados indignos, irresponsables y cobardes.

Sabemos que el fenómeno del rayado de murallas de casas habitaciones, de negocios, de mobiliario urbano … ¡y, hasta de nuestros monumentos!, es algo que afecta a nuestro país entero, pero uno podría esperar que esta comunidad cañetina que dio muestras, hace un año, con motivo del terremoto de febrero, de una conducta cívica ejemplar en nuestra región, se comportara en lo que se refiere al cuidado y al mejoramiento de la ciudad con esa misma responsabilidad.

Desgraciadamente, en Cañete, como en tantas ciudades chilenas, ha comenzado a surgir en sus zonas más desprotegidas o vulnerables (eufemismo utilizado para significar falta de educación, pobreza, hacinamiento, suciedad y, en muchísimas ocasiones falta de compromiso de los padres con la educación de sus hijos) grupos de jóvenes que canalizan su energía y sus impulsos hacia conductas agresivas, violentas y destructivas con las personas y la propiedad privada o pública.

Es fácil seguir la pista de las causas que impulsan la conducta innoble de estas hordas de jóvenes destructores: basta leer las leyendas con las que emporcan las propiedades de sus víctimas.

Es fácil conocer las motivaciones “sociales” o políticas de estos individuos y grupos violentos antisistema.

El problema es que nadie se atreve (por cobardía, por comodidad … o por complicidad) a denunciar a los grupos o instituciones que están detrás de estas hordas, motivándolas.

Es así como Cañete se ha transformado en una comunidad rehén de estos individuos y grupos violentistas “político-ecológicos” que, escudándose en un pretendido derecho a expresar sus inquietudes políticas, sociales … ¡¡o hasta artísticas!!, destruyen, día a día, la imagen de una ciudad que pretende tener un destino de ciudad culta, histórica y turística. Nuestra población es la víctima de la conducta bárbara, inculta, humillante o vejatoria de estos grupos que dicen velar por el respeto a las personas y al medio ambiente, pero que atentan diariamente contra ambos.

Sería aconsejable que nuestras autoridades administrativas y educacionales asumieran la lucha contra estos individuos y grupos antisociales y destructores implementando campañas de educación de la población en escuelas, liceos, grupos comunitarios e instituciones públicas u organizando a los vecinos para velar por el mantenimiento de la limpieza de nuestras casas y edificios.

El problema que denunciamos es un problema de educación y de valores que hay que enfrentar de inmediato. No hacerlo, sería una irresponsabilidad criminal que lamentaremos el día de mañana.

De lo que no cabe duda alguna de que, en pleno siglo 21, La muralla sigue siendo el papel del canalla.

Clímaco Hermosilla Silva