
Foto: Marco Riffo Ramírez
Los Quilodrán forman parte de la historia de los pioneros del transporte de pasajeros entre Cañete, Los Álamos, Lebu y Pilpilco.
Sus micros quedaron en la memoria de quienes las utilizaron para trasladarse entre estas localidades. También se les recuerda por "La Raspa", que llevaba pasajeros entre el mercado y la estación ferroviaria de Cañete.
Según recuerda un familiar, don Teodoro, conocido como "Lolo", era el propietario de las micros. Con el tiempo se incorporaron cuñados y sobrinos, y una de las máquinas pasó a manos de Humberto "Beto" Quilodrán.
Esta Ford 600, del año 1960, fotografiada con don Humberto Quilodrán y un auxiliar, nos devuelve a aquellos viajes de los años sesenta y setenta, cuando una misma micro reunía a tantas personas, cada una con su destino, sus encargos y sus motivos para viajar.
Viajé muchas veces en esta micro a Lebu. Era impresionante la cantidad de pasajeros que cabían en ella, cuando parecía no haber límite para quienes viajaban de pie. Uno de los momentos más difíciles era la bajada por la cuesta del Camarón: la micro descendía enganchada en primera y uno no podía evitar sentir lo arriesgado de aquel trayecto. Sin embargo, la robustez de esos motores en V nos inspiraba confianza. El regreso también tenía sus dificultades: había que remontar la misma cuesta, especialmente complicada en invierno.
Durante el trayecto, las sucesivas paradas sumaban más pasajeros y no faltaba quien se quejara: "¡Venimos como en lata de sardinas!". La micro no tenía habilitada una puerta de salida trasera, por lo que quien viajaba al fondo y necesitaba bajar debía abrirse paso entre la gente que iba de pie hasta llegar a la puerta delantera. Había que avisarle al chofer con anticipación dónde debía detenerse. Además, algunos pasajeros llevaban bultos en la parrilla del techo; había que esperar a que los bajaran, alargando todavía más la parada.
Así, entre pasajeros, equipajes y el esfuerzo de la máquina, se iba haciendo el camino a Lebu. Quienes viajamos en estas micros guardamos el recuerdo de una forma de viajar y de quienes, como los Quilodrán, hicieron posible que nuestras localidades estuvieran más cerca.
Por: Gorart Villarroel T.