
El experimento político ocurre en Colombia y abre una pregunta que hasta hace poco parecía propia de la ciencia ficción.
Hoy, revisando La Tercera, me encontré con una noticia que llama la atención. En Colombia apareció una candidata creada con Inteligencia Artificial que incluso figura en la papeleta electoral.
A primera vista uno podría pensar que se trata de una curiosidad tecnológica o de una especie de experimento político para llamar la atención. Quizás, en parte lo es, porque en realidad detrás de esa "candidata" hay personas de carne y hueso que serían quienes ocuparían el cargo si resultaran elegidas. Pero aún así la idea deja pensando.
Hasta ahora la política siempre ha sido algo bastante claro: personas que representan a otras personas, con todos los problemas que eso implica. Hay políticos buenos, otros no tanto y también los hay derechamente chantas. Promesas, debates, errores, aciertos, intereses y también improvisaciones. Pero siempre dentro de un marco humano..
Por eso este caso llama la atención, porque introduce algo distinto, una figura digital que no existe como persona real, pero que aparece como símbolo de una forma diferente de participación política.
La propuesta que acompaña esta candidatura es que las decisiones que se tomen en el Congreso puedan reflejar directamente la opinión de la comunidad a través de votaciones digitales. Es decir, que la gente participe de manera más directa en las decisiones legislativas y que el representante actúe según ese resultado.
La idea, en el papel, suena interesante. La tecnología permitiría recoger opiniones de muchas personas al mismo tiempo y procesar información de manera rápida. Algo que, en teoría, podría ayudar a tomar decisiones más informadas.
Pero también abre varias preguntas.
Las máquinas no aparecen de la nada. Siempre hay personas detrás que diseñan el sistema, que deciden qué información se usa y cómo se procesa, por lo tanto, la pregunta inevitable es quién define finalmente los criterios con los que esa inteligencia artificial funciona.
Si uno empuja un poco más la reflexión, aparece otra duda todavía más grande. Si algún día un país decidiera que ciertas decisiones políticas las tome un sistema basado en inteligencia artificial, ¿dónde quedaría la responsabilidad humana?
Porque cuando una decisión política resulta equivocada, sabemos a quién pedirle explicaciones; pero si una decisión se toma a partir de un algoritmo, el responsable ya no es tan claro.
Por ahora este caso colombiano parece más bien es un signo de los tiempos. Una mezcla de tecnología, política y marketing que busca abrir una conversación sobre nuevas formas de participación ciudadana.
Pero igual deja preguntas dando vueltas.
La tecnología puede ayudar mucho a ordenar información y a mejorar procesos. Eso nadie lo discute. La cuestión es otra: hasta qué punto estamos dispuestos a delegar decisiones que siempre han sido humanas.
Actualmente la política sigue siendo cosa de personas; pero noticias como esta muestran que el debate recién empieza y así como van las cosas, lo veremos con mayor frecuencia.
Por: Gorart V.
