Cuando hablamos los cañetinos de nuestra juventud, terminamos siempre contando esas historias vividas al alero “mítico” del “Centro de Estudiantes de Cañete”,...el “Centro Tradicional de los Grandes Espectáculos”!
Era esta una agrupación de jóvenes cañetinos que estudiaban fuera de su ciudad y que se reunían, durante los meses de enero y febrero, con los amigos invitados por ellos a pasar las vacaciones estivales a este hermoso y acogedor rincón de Arauco, para organizar las Fiestas del Verano: El Carnaval Cañetino!
A comienzos de Enero se citaba a una Asamblea en la que se elegía la Directiva que debía organizar las actividades de la temporada. Estas actividades debían contemplar, a lo menos, los Bailes Populares de la Plaza de Armas, los que se prolongaban en paseos alrededor de esta Plaza en los que todo el mundo se lanzaba, en cada vuelta, chaya y serpentina, en los que se iniciaban romances y los que eran la ocasión para intercambiar algunas frases con la enamorada,...si es que esta podía burlar el férreo control de los padres o las tías que la acompañaban,...y hasta para intercambiar unos tímidos y furtivos besos, detrás del kiosko, si se tenía más suerte o se era más audaz! También había que realizar la tradicional Velada Bufa en el Teatro Municipal, la preparación de la cual consumía gran parte del tiempo del que disponían los jóvenes de vacaciones. Todas las dotes artísticas de los estudiantes salían a relucir en estas ocasiones junto a la belleza de las niñas de la época. Finalizaban estas Fiestas con el Baile de Gala en el que se elegía la Reina del Verano, competencia ganada muchas veces por la candidata del Centro de Estudiantes, en dura y reñida lucha contra las candidatas de instituciones como Rotary Club o, a partir de los años 60, del Club de Leones.
A este baile llegaban, disfrazados, los participantes en las comparsas que competían en el Gran Corso de Flores, que era el otro espectáculo que los estudiantes debían preparar para culminar las fiestas.
Para celebrar el éxito de estas actividades,...o para prepararlas (siempre había un pretexto), se hacía paseos al Lago en los que se cantaba y bailaba hasta entrada la noche.
A mediados de los 60 fuimos, en tren, hasta Contulmo a jugar un partido de fútbol y, una vez allá, nos sorprendió un tremendo temporal. El bus que nos iba a buscar, en la tarde, no pudo llegar porque el camino se to
ó intransitable. Tuvimos que queda
os toda la noche en el pequeño teatro de la ciudad donde, para hacer más liviana la espera, se improvisó numeros artísticos, canciones, bailes, sketches etc. Para qué les cuento la que quedó en Cañete cuando los niños...y las niñas! no llegaron en toda la noche!
Que no se crea que la organización y realización de estos carnavales era solo preocupación de los jóvenes! Todo el pueblo vibraba con los detalles de sus preparativos y todos participaban en sus espectáculos. Todos los sectores del pueblo querían que “su” candidata triunfara o que “su” comparsa fuera la mejor o que “sus” representantes se distinguieran en la Velada Bufa. Hubo elecciones de reina que dejaron peleados, por años, a los padres y amigos de una candidata con los padres y amigos de la otra. Y, con qué entusiasmo y generosidad, los comerciantes o los vecinos en general ayudaban económicamente a la candidata de los estudiantes cuando estos, disfrazados y con música de acordeones o guitarras, salían en murgas por las calles del pueblo a venderle votos! Nunca he olvidado las cantidades de plata que se juntaron cuando la Cristina Petit-Laurent, candidata del Centro de Estudiantes, le ganó a la Nancy Vergara, candidata del Club de Leones!
No sé cuándo se inició esta tradición cañetina que murió como tantas otras.Sólo sé que, desde que tengo uso de razón, asistí a estas fiestas del verano y luego, cuando me fui a estudiar a Concepción, pude ser miembro de esta cofradía que reunía a los estudiantes de vacaciones.
Por las historias que he escuchado, ya en los años 20 se realizaban estas fiestas. Después de un receso en los años 30, la tradición se reanudó y pasó a la historia cañetina la gestión, a fines de los 40 y a comienzos de los 50, del más brillante Presidente que haya tenido el Centro: el espectacular Arturo “Tulo” Gallardo, que fue nominado Presidente vitalicio de la Institución en mérito a sus extraordinarias condiciones como Director Teatral, guionista, actor, bailarín, cómico, etc.etc.
Participaron también en esta época los hermanos Bordagaray (Perico y Domingo),Nancho y Tito Gajardo, este último también gran comediante, Rolo Montory, que hizo historia con sus interpretaciones en que caracterizaba a divas de la ópera (me imagino que a la Amelita Galli-Curci o a la Rosa Ponchielli) etc.etc.
Desde fines de los 40 adelante brillaron en las tablas de la Velada Bufa los primeros actores Hipólito Palacios, Fernando Infante y Virgilio Morales .Luego, en los 60, lo hicieron los Altamirano, el “Cholo” Correa, el “Pituco” Valenzuela, A
oldo Muñoz y otros.
Cuando yo tenía 4 o 5 años de edad, me impresionaba la cantidad de papel picado y los tremendos montones de serpentina que quedaban botados en el suelo de la plaza y que los empleados municipales debían recoger al día siguiente.
Cuántas veces quedé con la boca llena de chaya cuando algún gracioso, que daba vueltas a la plaza en sentido contrario al mío, al ver que yo conversaba con alguien, me lanzaba un puñado a la cara!
Y los bailes populares, ...cómo olvidar a Virgilito Morales bailando charleston o,algunos años después, los primeros ensayos del naciente y escandaloso rock and roll. O ese año cuando estaba de moda Salvatore Adamo y, de pronto, se anuncia por los parlantes que, en un esfuerzo gigantesco “y gracias a la inapreciable ayuda de algunos amigos” el Centro de Estudiantes de Cañete, “El Centro Tradicional de los Grandes Espectáculos”, ha traído a Cañete a la estrella del momento, a Adamo!Todos nos reímos pero, de pronto, aparece un auto a gran velocidad, se bajan algunas personas corriendo, suben al kiosko y alguien comienza a cantar, acompañado por uno de los conjuntos musicales del pueblo:...el mismísimo Adamo! Corremos todos hacia el kiosko y vemos a alguien muy parecido a Adamo y que canta igual a Adamo,...es la sensación!
El cantante era un joven de Angol que había sido invitado por alguien de Cañete y cuya actuación engañó hasta a los dueños de una disquería de Concepción que estaba de visita en nuestra casa. Este Adamo de Angol animó al otro día el baile de gala interpretando, una y otra vez, todos los temas de Adamo en forma impecable.
En los años 60 se creó tambien el CAM (Comité de Actividades Macabras), el que escenificó algunos asesinatos a la salida de la misa de 11 del Domingo en los que, por ejemplo, una atribulada viuda, toda de negro y con un espeso velo sobre el rostro, acribillaba a balazos (de fogueo) a algún caballero que abandonaba el templo, el que caía, bañado en sangre (de pomarola) ante el espanto de las señoras que lo rodeaban. En otras ocasiones amanecía colgado de los tilos de la Plaza , con el rostro de un verde cadavérico, un “suicida” desconocido, o bien, un grupo de forajidos a caballo, con el rostro cubierto, arrebataba “a sus desconsolados padres” a alguna agraciada e inocente jovencita. Recuerdo haberle visto también a este Comité de Actividades Macabras algunos desfiles de encapuchados del Ku Klux Klan, con antorchas y llevando un lúgubre féretro.
También se organizó por esos años, en el Estadio Fiscal, como parte de los espectáculos veraniegos, algunos “clásicos”, al estilo de los Clásicos Universitarios. En una de estas ocasiones fue donde “se chingaron” los proyectiles estilo NASA preparados por Sergio Hermosilla y su amigo Rodrigo “Mentolathum” Sanhueza.Todos quedamos convencidos de que el combustible utilizado para elevar estos cohetes fue el presupuesto del Centro!
Acompañaban a las actividades veraniegas de esos años los “malones” que se celebraban casi todas las semanas en la “Fuente de Soda La Vasquita” de la señora Mayí Eliceiry de Iñiguez o en casas particulares como la de los Abarzúa, los Sau,...o la nuestra, donde estaba “la mejor colección de discos de la Provincia”, la que era la admiración y la envidia de los amigos invitados.Cuando las primitivas “radioelectrolas” fueron desplazadas por los tocadiscos “Hi Fi” (Hight Fidelity: Alta Fidelidad), regalamos cientos de discos 45 o 33 RPM a nuestras amigas que estudiaban en el Internado de Angol o al Centro de Estudiantes.
Los malones nacían espontáneamente. En algún grupo de conversación a alguien se le ocurría la idea e inmediatamente las niñas ofrecían queques, kuchenes o tortas, los varones aportábamos galletas (champaña, tritón y “de vino”) y bebidas gaseosas o ponche. Algunos osados “hacían una vaca” para comprar UNA botella de pisco (de la que siempre sobraba la mitad) .
Es increíble cómo, tan sanamente, podíamos disfrutar, por horas, bailando los ritmos de moda, conversando y pololeando. Estos malones comenzaban generalmente a las seis de la tarde y duraban, como límite, hasta las doce de la noche.
A principios de los 60 se comienza a ver a algunos jóvenes que, copiando a los rebeldes norteamericanos (estilo James Dean), se visten con casacas de cuero y jeans y posan de “duros” y “vividores”. Llegan las motonetas.De las primeras en Cañete, la de Sergio Hermosilla, el que se transforma en el terror de los desprevenidos y tranquilos transeúntes cañetinos. Esta motoneta, una “Rabbit”, se quemó años después en un gran incendio que destruyó una antigua casa ubicada en Villagrán esquina Esmeralda, frente al “Alianza”, de propiedad de don Severo Sánchez, sastre y antiguo vecino de la ciudad (murió a comienzos de los 60 de unos 90 años), padre de la señora Blanca Sánchez, profesora, también hoy desaparecida. En esta casa arrendaba un local comercial, el que utilizaba como taller mecánico,un taxista que apodábamos “Fito”, el que también arrendaba bicicletas; cuando se produjo el incendio, la motoneta de Sergio se hallaba en ese taller. Por tratar de sacarla resultó con gravísimas quemaduras Tomás Sáez, hermano de Carlos Sáez, actual dueño del Supermercado “El Vergel”.En Chile, estos jóvenes rebeldes de los que hablábamos son apodados “los Carlotos”, por Carlo “Carloto” Boassi Valdebenito, el que se vio involucrado en un caso policial de la época.
Completábamos nuestro panorama de diversiones veraniegas con largas caminatas y picnics a algunos de los hermosos lugares cercanos a Cañete (con bastante más vegetación nativa que hoy) como El Salto, el río Tucapel en múltiples parajes, los Puentes Mellizos, la Estación, el valle de Cayucupil etc.etc.
Uno de los más entusiastas fans de estos carnavales es el actual Alcalde de Cañete, Adrián Viveros Gajardo, conocido en esos años como “Dolcevito” o “Dolce”, el que fue también uno de los últimos Presidentes del Centro de Estudiantes. Cuando Adrián se pone a recordar anécdotas de esos tiempos, es difícil “quitarle el micrófono”. Siempre se acuerda “Dolce” de que, al iniciar sus funciones la Directiva recién electa, se dirigía a conversar con mi madre “y la señora Rosario nos prestaba el dinero para comprar los materiales que necesitábamos para comenzar a trabajar. Al final del carnaval se lo devolvíamos”.
Desde la Alcaldía, Adrián ha tratado de revivir estas antiguas fiestas, pero las condiciones sociales de hoy día son distintas a las de hace 30,40 o 50 años atrás.En esos años los estudiantes volvían a sus casas solamente para las vacaciones de Invierno y las de Verano.Por no haber caminos transitables durante el Invierno y ser los trayectos por Ferrocarril larguísimos a causa de los transbordos que había que hacer para llegar a la Provincia (Renaico,San Rosendo), no se podía viajar a Cañete si no había un número importante de días feriados.A partir de fines de los 60 ya fue común volver volver a casa todos los viajes en la tarde, para regresar al colegio el domingo en la tarde.
Tampoco había en esos años la variedad de diversiones o la abundancia de medios de transporte que hay hoy día y que permite que las familias o los pequeños grupos de amigos planifiquen y realicen separadamente sus diversiones. Los jóvenes de los años 30 o del 60 todavía tenían entre ellos esos sólidos vínculos que daba el vivir durante todo el año en esas verdaeras “colonias cañetinas” que se formaban en los inte
ados en los que estudiaban en Santiago, Concepción, Angol o Victoria. Esos “amigos del alma” que eran estos jóvenes, que descubrían juntos los problemas, las dificultades y los placeres de la vida, seguían durante el verano conversando y compartiendo y era entonces natural que planificaran, entre todos, sus diversiones de vacaciones.
La sociedad de esos años era más gregaria, más solidaria, más humana,...más imaginativa, más creativa. La diversión había que inventarla. No estaba dada por la Discothèque, por la televisión, por el auto del papá o por la moto acuática. Esos años fueron períodos de un contacto humano muy rico entre grupos sociales integrados por numerosas personas. No se pueden comparar a la creciente incomunicación del mundo actual. Es por esto que, tratar de revivir el modo de vida de esos años, es imposible. Cuando, hace unos cuatro o cinco años, se organizó, como parte de La Semana Cañetina, una “Noche del Recuerdo” en el salón de actos de la Escuela Nº 1, arreglado con un hermoso decorado, evento animado por conjuntos musicales que interpretaban melodías antiguas, fue natural que asistiéramos casi puros “viejos”, los que disfrutamos la fiesta como en los antiguos tiempos. En esa ocasión gané un premio como “el mejor bailarín de tango de la noche” haciendo pareja con mi hija María Rosario. El premio al bailarín “más entusiasta de la noche” lo ganó Waldo Zúñiga quien, haciendo pareja con su señora, Alicia Viveros, no se perdió baile.
La inexorable desaparición de todas estas queridas tradiciones de pueblo, de barrio,...o, inclusive, de grandes ciudades, tiene que ver, por supuesto, con los cambios tremendos que se han impuesto a las sociedades mode
as. La nuestra era una sociedad de la lectura y de la charla de amigos, de la identidad y la pertenencia (a un clan familiar, a una comunidad social y espiritual, a un sistema valórico definido), la actual es una sociedad de la imágen (televisor o computador) y del “time is money”, del desarraigo, del no compromiso...y de la soledad.
Yo pienso que la nuestra valía MIL VECES lo que vale la actual. Nada paga la pérdida de ese sentirse parte de un clan familiar o comunitario, de ese divertirse sana e ingenua pero intensamente, compartiendo con dos o tres generaciones de familiares o amigos.Hoy día los jóvenes huyen de sus padres. Los abuelos son un estorbo. Nosotros nos divertíamos juntos....Y, qué orgullosos nos sentíamos cuando salíamos, todos juntos, a la plaza, al teatro, al paseo o al baile...con los abuelos, los padres, los tíos y los primos. Nada puede resarci
os de la pérdida de ese sentimiento de amor o afectividad casi tribal que nos unía a unas raíces culturales profundas y sólidas: ni el autito coreano, ni las tarjetitas Visa o Falabella, ni la imágen envasada que nos bombardea cada día, llenando nuestras retinas y nuestros oídos, pero dejando un vacío frío y silencioso en nuestros corazones.
Del libro "Crónicas" de Clímaco Hermosilla.
