ESTAMPAS DE CAÑETE

Alfonso Concha Acuña

IMÁGENES DE LA MEMORIA

2009... profesoras Regina Torres, Alicia Veloso y Eliana Beltrán
CAÑETE
CAÑETE
Héctor y Yan
MIRANDO A LOS ANDES DESDE NAHUELBUTA...
CAÑETE
LAS RUEDAS QUE EL TIEMPO DEJÓ ATRÁS,,,
CAÑETE
Oficios que siguen, en el pulso cotidiano...
LAGO LANALHUE
CASONA DEL BARRIO LEIVA
AÑOS '80
MUSEO MAPUCHE CAÑETE
CORDILLERA DE NAHUELBUTA
CONTULMO
CAÑETE

PEDRO ESPINOZA JARA

Con su título de Técnico Agrícola y un gran deseo de surgir en la vida, llegó a la Escuela Granja de Cañete hace doce años. Hombre franco, agradable e inteligente, es un profesor culto y sabe infundir en sus alumnos sus conocimientos. Amante del progreso y del anhelo de surgir, le compró al amigo Cucho Miranda un pedazo de suelo y allí instaló su hoy magnífico criadero de aves que le da bastantes escudos.
Su hogar, acogedor y con calor de buen amigo, es justipreciado por quienes le visitan.
Su charla fluida y alegre, contagia a su interlocutor.
Don Pedro Espinoza Jara sabe ser un ciudadano eficiente y útil a la colectividad y es un radical de fila que jamás ha tenido un desliz político, porque está acostumbrado a la disciplina y tiene un amplio criterio para apreciar los acontecimientos de su partido.
El 13 de agosto de 1961 pasó a visitarme en mi hogar de Los Ángeles; tuve un inmenso placer al charlas con él unos momentos, pues iba de paso a visitar a sus padres, en Candelaria. Quería estar con su amada madre el día del santo de ella, el 15.
Recordó algunas anécdotas mías y de Miranda y dijo que una vez, bastante choferiados, el Cucho y otros amigos llegamos a mi casa a tomar el trago del  Andavete y mientras yo buscaba con qué hacerles cariño, Cucho Miranda, con esa gracia que siempre pone a las cosas, tomó dos gatitos que tenía regalón (pues me los había regalado mi nunca olvidado amigo don Carlos González Candia, que se llamaban los pascualitos) y los echó dentro del refrigerador que a la sazón en esos días había comprado (fue el primero que hubo en Cañete) y por casualidad al irse se acordaron de este chiste del vapuleado Alcalde Miranda y pude librarlos de que fallecieran  helados. Y a lo mejor la carne de gato refrigerada es buena. Debí haberles hecho probarla.

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