
Nada extraordinario, sólo que el camino guarda su historia: la tuya, la mía, la de todos.

Nada extraordinario, sólo que el camino guarda su historia: la tuya, la mía, la de todos.

Hace tiempo varios vecinos preguntan por fotos de ellos.
Para quienes crecimos en Cañete de los años ’50 y ’60 y para quienes lo conocieron por la voz de padres y abuelos, estos abrevaderos formaban parte del paisaje del pueblo: puntos de descanso y agua para caballos y bueyes después del viaje desde el campo.

Por: Gorart Villarroel T.
Entre homenajes, banquetes y la inauguración de la Escuela Leoncio Araneda Figueroa.
Más allá de lo que narró la prensa de la época, lo más sorprendente e impactante es esta fotografía en la que se distingue al Presidente Juan Antonio Ríos, junto a su comitiva, en el balcón de la Escuela Leoncio Araneda Figueroa durante el acto inaugural.

El 25 de agosto de 1945, convocados por el alcalde Paulino Viveros Sagardía, vecinos se reunieron en la Municipalidad para dar forma al Cuerpo de Bomberos de Cañete. Se crearon comisiones de economía, estatutos, material y reclutamiento. Las sesiones se realizaron en la oficina del ingeniero agrónomo provincial Alfonso Concha Acuña, lo que muestra el carácter improvisado pero decidido de aquel proyecto colectivo.

En la segunda mitad del siglo XIX, la Casa Duhart, familia vasco-francesa asentada en Chile, levantó en Cañete un molino a orillas del río Tucapel.